Este restaurante es de esos que uno se topa cuando visita una población en el interior del litoral abre la puerta y le envuelve la calidez y el hilo de aroma que se fuga desde la cocina al comedor y uno siente que a entrado en un buen lugar de esos mismos que aun mantienen raíces en lo tradicional, Eusebio saluda y dice, pasen, lo sienta en una mesa y le ofrece una carta. Al abrirla entre otras hojas que contienen platos mediterráneos aparecen las de arroz, uno comienza a leer y se dice "..esa palabra que cada uno acostumbra" y luego escoge. Al rato le sirven uno de los mejores arroces que se pueden tomar en la zona. Maribel en la cocina, Eusebio en la sala, clientela de toda indole y tapas para el que tiene que esperar, no se pierdan la pelota de puchero ni las manitas de cerdo.
Nos convidaron a una paella de chipirones con ajos tiernos y como éramos varios también a un caldoso de morena, este ultimo peculiar y de sabor extraordinario.